Nos contagiamos de esos fantasmas que nos asustan, que
llegan golpean y se van, dejando una incertidumbre poco amigable, llenando
almas de complejos, que crecerán al lado nuestro y darán obra a medida que
caminemos, señalándonos para toda la vida.
Miedos que toman decisiones y hacen que las cosas, sucedan
de esa manera, sin fuerza, con incertidumbre, vacías, acéfalos.
Miedo a sonreír, a querer ser, a emprender, a abrir el alma,
a la pasión, a crecer, los miedos generan parálisis de sentimientos, los
acobardan y los mandan a penitencia en un cuarto oscuro estando a la merced de
que el miedo decida.
Es un llamador a la cobardía, para que tu corazón se
transforme en piedra, para que una vez que sufra una rotura, esa grieta se
llene de odio y entrar a ser presos de una rueda incansable.
Miedo, todos tenemos un poco, la cuestión es no alimentarlos
para que crezcan y nos terminen comiendo y ser devorados por nosotros mismos.
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