Vamos venimos, subimos bajamos, sentimos, caminamos y a su
vez nos soltamos, lloramos nos alegramos, amamos odiamos, crecemos aniquilamos,
inocentes que se transforman en culpables, y culpables que son juzgados como
tales, verdades que no se creen y mentiras que son tales. Los te amos que se van
por la rejilla al desagüe del olvido, para que el odio muerda la pasión hasta
desgarrarla y así dejarla muerta.
Miradas que cierran sus ojos para nunca más abrirlos y sellar
su contorno con el dolor, para que el musgo del tiempo, lo haga inviolable.
Labios que destilan furia, para que las buenas palabras sean
ahuyentadas a planetas inhóspitos y nunca más regresen.
Los malentendidos se hagan dueños de los egos, para que la destrucción
sea a pasos suaves, caminando sobre un paño de silencio, para que nadie los
escuche y todo llegue a su fin.
Los sueños se despierten en medio de la guerra, para que el
miedo sea tan grande, para nunca más soñar y ser aniquilados por la soberbia,
con un disparo al alma.
Manos que sueltan caricias, desechadas por la bronca de no
tocarte, para poder perder el rastro de lo vivido y así caer en la aspereza de
la pelea.
Relaciones pasadas, presentes, futuras, donde la
incongruencia de la vida hace que sea un final, quizá inesperado pero todo algún
día, llega a su fin, donde las cosas que hacen bien, queden para siempre y las
que no, mueren con el dolor.
Aquellos que mueren juntos, viven juntos.-
