Donde las manos se sueltan,
Es donde encuentro el dolo de tu alma
Que se desvanece en el ocaso,
Tus ojos se pierden
Como yunque en el mar
Y tu rostro brillante se apaga
Envueltos en trapos negros de olvido y dolor,
La bronca se transforma en llanto
Buscando recuerdos
Que hacen sonreír a la felicidad
La cual es eterna,
Ella, se lleva nuestros rostros
Alojados en su propio mundo,
Donde quizás, quien sabe
Vivamos juntos.
Ya no pisamos la misma tierra
Y el olor de tu piel se evapora
sin dejar rastro de lo vivido
crea una atmósfera mentirosa de felicidad,
mientras que por dentro
El consuelo se desgarra llegando a la muerte.

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